CRONISTA
Victoria con garra para acabar el año
Les dimos opción y nos llevamos un susto en la primera parte; en la segunda, dimos la vuelta al marcador desde el modo más competitivo.
Alineación: Jorge, Félix, Gómez, Koke, Izan, Carlos, Álvaro, H. Agüeros, R. Castro, Tomás M. y Rodri.
Suplentes: Dani Vázquez, Héctor, Mati, Adri, Revuelta, Dani y Sergio.
Goles: Tomás M. (2) y Sergio.
MVP (según los jugadores): Tomás M. y Koke.
La falta de contundencia atrás les dio vida
Habíamos avisado de a dónde veníamos: un campo de dimensiones especialmente pequeñas, donde no importaba tanto quién jugara mejor al fútbol, sino quién compitiera mejor. Para ello nos preparamos durante toda la semana, incluyendo un cambio de sistema que nos permitiera ganar más duelos, tener más presencia en el área y acumular gente por dentro para jugar todo lo que el partido dejara.
La realidad es que, en líneas generales, el plan funcionó. Conseguimos dominar territorialmente ante un equipo que acumulaba mucha gente atrás. Eso sí, jugar “bonito” era casi imposible: cuando intentábamos bajar el balón y combinar, no había espacio. Nos sobraba un toque, un control, una décima. En este partido, seguramente, necesitábamos ser más verticales para generar peligro más por empuje que por elaboración. Aun así, tuvimos alguna oportunidad para ponernos por delante.
Su idea era clara: defender juntitos e intentar que alguno de sus dos puntas sacara provecho de un despeje o una segunda jugada. Se notaba que estaban acostumbrados a ese tipo de batallas: especialistas en ser incómodos, meter cuerpo y pelear cada balón.
Y ahí cometimos nuestro principal error: no estuvimos lo suficientemente pegados y no fuimos lo suficientemente contundentes. Les dejamos sacar petróleo de balones muy complicados, cuando éramos nosotros quienes debíamos imponer condiciones. En una acción así, su delantero se impuso en una situación de inferioridad defensiva nuestra, sacó un centro y el otro punta remató para hacer el 1–0.
Lo peor es que el gol, en lugar de empujarnos a apretar más y dejarles respirar menos, nos hizo dudar. Fuimos incluso menos contundentes y ellos crecieron, llegando a tener más oportunidades, incluida una que se estrelló en el palo.
A pesar del golpe, el dominio territorial y la mayoría de llegadas siguieron siendo nuestras. Tuvimos un par muy claras y un remate de Tomás M. al palo, pero nos fuimos al descanso por debajo y con sensaciones rarunas.
Paso adelante competitivo en la segunda parte
En el descanso quedó claro que debíamos ser mucho más contundentes para no darles aire, esperanza ni oportunidades. Con balón, teníamos que ser más verticales: volcar a la banda contraria, cargar el área y lograr que los medios recibieran con ventaja en segundas jugadas para, desde ahí, generar peligro.
También había que aumentar la intensidad en los duelos y empezar a ganar el partido en lo psicológico, porque hasta el momento lo estábamos perdiendo. Se hicieron cuatro cambios y volvimos a nuestro sistema habitual, con más referencias por fuera y marcas más claras atrás.
Y la segunda parte empezó como debía: nada más salir, Sergio mandó para dentro un centro de Tomás M. cuando parecía que el balón se iba a perder. Ese 1–1 fue un subidón y el equipo empezó a apretar de verdad: se iba a muerte a cada duelo, se celebraba cada mini victoria y la contundencia atrás hizo que el rival apenas pudiera respirar.
Comenzamos a ganar el partido psicológicamente. Ellos, que habían hecho ruido en la primera parte, siguieron haciéndolo… pero ya estábamos ahí para responder: yo gano balones, yo los celebro más que tú.
Fuimos dominadores y tuvimos varias ocasiones para ponernos por delante. El campo estaba volcado hacia la portería del Colegio San Agustín. En una de esas acciones, Castro remató tras un centro de lado a lado, el balón quedó suelto y Tomás M., con la caña preparada, lo empujó para dentro para hacer el 1–2.
Con el marcador en contra, ellos se pusieron más nerviosos de la cuenta y apareció su “juego subterráneo”. Lejos de amilanarnos, nos sirvió para apretar más y competir todavía mejor. Arriesgaron más y nosotros dimos unos pasos atrás; el partido se igualó territorialmente.
En un campo pequeño, cualquier balón colgado es peligroso. Tuvieron las suyas: un palo y una intervención fabulosa de Jorge nos mantuvieron por delante. También es justo decir que nosotros, con más espacios, tuvimos oportunidades para cerrar el partido antes, pero no estuvimos finos en la definición.
Estábamos sufriendo, pero también disfrutando: cada despeje, cada duelo ganado, cada balón defendido era algo para celebrar… y eso desesperaba al rival. El equipo sacó un carácter competitivo enorme en los minutos finales.
Ya prácticamente en el descuento, Tomás M. provocó la expulsión por doble amarilla de un jugador del San Agustín tras una de sus conducciones. Y en otra muy parecida, puso el definitivo 1–3, liberándonos de toda la tensión y asegurando tres puntos en un partido muy disputado y muy difícil.
La defensa marca el techo competitivo del equipo
Tenemos jugadores y capacidad de sobra para ser mucho más solventes y seguros atrás. En las últimas jornadas, ya sea por exceso de confianza o por falta de contundencia, hemos dado demasiada vida a los rivales. Eso nos costó dos puntos ante el Atleti y, por suerte, esta semana (y la anterior) salimos indemnes. Cuando el equipo defiende al 100% es muy difícil de superar; cuando baja ese porcentaje, concedemos de más y lo acabamos pagando.
Cerramos el año con buenas sensaciones y podemos irnos a Navidad satisfechos, porque estamos en la lucha. Queda mucha liga y mucho por mejorar, pero llegamos al gran parón con todas las opciones. A descansar, desconectar un poco del fútbol y volver con el mismo trabajo, ganas y unión que tiene este pedazo de grupo, potenciando nuestras virtudes y puliendo esos fallitos que tanto daño nos hacen y que, como punto positivo, están en nuestra mano.
¡Feliz Navidad!