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Cabecera CF Juanin y Diego

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  • Torneos Prebenjamines

    El pasado fin de semana, se celebraron en distintos pueblos de nuestra provicinca diversos torneos en los que nuestros prebenjamines estuvieron "presentes en el podio". El Prebenjamín A estuvo en los torneos de Montoro y la Rambla, de los que salieron victoriosos.       El segundo equipoprebenjamín tampoco se quedo corto y consiguió el segundo puesto en el Torneo de Alcolea.   

  • EL PADRE DEL FUTBOLISTA

        Cuando estamos entrenando o dirigiendo en fútbol base, tenemos que manejar muchos condicionantes internos y externos. Nuestro trabajo consiste en planificar correctamente los entrenamientos, realizar sesiones diferentes, sesiones dinámicas, donde el jugador en su tiempo de entrenamiento aprenda y a su vez disfrute de este deporte. Nuestra idea tiene que estar muy próxima a la formación de personas y de jugadores, dándole mucha importancia a la educación y compromiso con el grupo. Este deporte es colectivo, por lo tanto todos se necesitan dentro del grupo. Son todos iguales de importantes en el equipo. Cada uno con sus características individuales, que les hará destacar en una faceta o en otra, pero siempre para el buen funcionamiento del equipo. Cuando suelen aparecer los problemas, cuando aparece la figura equivocada del PADRE. He conocido padres de jugadores extraordinarios cuya ilusión era la de apoyar a su hijo en la idea de hacer deporte, y acompañarle en su actividad. Dándole cariño, apoyo y siempre reforzando las decisiones del entrenador. Pudiendo estar de acuerdo o no, pero nunca generándole un conflicto al niño hacia la figura de su entrenador. Son felices viendo a su hijo desde fuera, y apoyando al grupo en su totalidad. Sin dar en exceso importancia al papel protagonista de su hijo, y si valorando el disfrute del jugador dentro de su deporte. Pero también he conocido padres muy diferentes, padres obsesionados con sus hijos. Obsesionados con todo lo relacionado con el equipo de su hijo. Padres que han llegado a controlar los minutos que jugaba su hijo para luego comentárselo al entrenador haciéndole ver que no trataba igual a su hijo que a los demás. Padres que presionaban a el entrenador de su hijo para que le pusiera en la posición que él creía oportuna. Padres que criticaban a otros compañeros del equipo de su hijo para infravalorar el nivel de los componentes del grupo. Padres que criticaban la labor del entrenador a otros padres de jugadores del equipo para crear malestar en las decisiones del entrenador ya que su hijo no jugaba lo que él creía. Padres que desde la banda de un terreno de juego le daban indicaciones a su hijo, estando este más pendiente de su padre que del entrenador. Padres que le comentaban a su hijo que no hicieran caso a su entrenador porque ellos saben más que sus técnicos. Padres que cuando su hijo no juega, lo que él cree que tiene que jugar, en un equipo deciden ir urgentemente a hablar con el responsable del club a pedir explicaciones. Padres que ven a su hijo un camino ¨obligado¨ a ser jugador profesional y hacen lo posible para ello, equivocándose en la gran parte de decisiones…. Padres que lo único que consiguen es que su hijo según van pasando los años, cada vez tenga menos ilusión por jugar al fútbol. Niños que empezaron tremendamente ilusionados por hacer un deporte y compartir con otros las ganas de aprender a ser futbolistas…pierden esa ilusión por la FRUSTRACION de su padre a no respetar su espacio y destrozarles sus sueños.

  • ¡Usted es su padre, no su entrenador!

    Los niños practican deportes por diversión. Olvidar esta máxima y generar presión en los hijos es el mejor camino para conducirles a que lo abandonen. “Me siento triste cuando mi padre me regaña después del partido. Me dice que no he jugado con intensidad, que así no seré nunca un jugador de Primera División, que fallo en los pases porque me falta concentración. Y mi madre le apoya. Dice que juego como si no me importara ganar. También me echan en cara que se gasten dinero en mí y que me dedican muchas horas llevándome y recogiéndome del fútbol. A mí me gusta jugar al fútbol, me gusta aprender cosas nuevas, dar un pase de gol, estar con amigos, ganar, pero tampoco me importa mucho perder, porque eso es lo que nos dice el míster. Pero últimamente ya no disfruto, vengo a jugar los fines de semana nervioso, pensando que si no le gusto a mi padre, lo oiré gritar desde la banda, me dirá que me mueva, que espabile, y a veces me siento tan nervioso que no sé ni por dónde va el balón. Si vale la pena seguir viniendo cuando ya no disfruto. Pero si decido no jugar más, también les voy a decepcionar”. Son muchos los padres y madres que acompañan a sus hijos a los partidos, competiciones y entrenamientos. Se sientan en la grada, observan, les dan directrices y se involucran en el deporte de sus hijos como si ellos fueran los que dirigen. Existen diferentes especímenes de padres y madres. Los que asumen papeles positivos. Son aquellos en los que el interés del padre está en que su hijo disfrute de lo que hace. Habla cuando estés enfadado y harás el mejor discurso que tengas que lamentar” Ambrose Bierce El padre taxista. Acompaña a su hijo, le deja en el entrenamiento, le recoge. Suele ser un padre al que los deportes le gustan bastante poco, pero le interesa que su hijo sea feliz. El padre positivo. Anima, refuerza, se preocupa por cómo han ido los partidos. Le transmite entusiasmo sin presión. Felicita al chaval por el mero hecho de jugar y entrenar. El padre involucrado. Le gusta participar en las decisiones y propuestas del club. Se interesa por la formación de los chavales o porque el centro obtenga ingresos. Este tipo de padres son activos en la divulgación de valores en el club y participan con cualquier acción que pueda mejorarlo. Existen otros papeles, los negativos. Son aquellos en los que el comportamiento del padre influye negativamente en su hijo, generándole presión, exigiendo resultados y poniendo unas expectativas por encima de lo que el entrenador o el club esperan del niño.          El padre pesado. Se pasa todo el día hablando de lo bien que juega, nada o corre su hijo y de que apunta maneras. No presiona directamente al niño, pero sin querer le traslada que su valor como chaval está en el juego. El padre entrenador. Grita directrices desde la banda, corrige a su hijo cuando se monta en el coche, incluso contradiciendo las indicaciones del entrenador. Genera confusión en el niño, que por un lado tiene una idea de juego que el profesional trata de inculcarle, y por otro, la versión de su padre o madre. En deportes como la natación, este padre está en la grada paseando de punta a punta de la piscina, cronómetro en mano, midiendo tiempos y apuntando en una libreta. No es de recibo crear presión en el niño con distintos mensajes. ¿A quién cree que debería obedecer su hijo? El padre que se cree Cholo Simeone. Trata de motivar, transmitir garra, le pide al hijo que se entregue, que se esfuerce, que se deje la piel en la cancha, que trabaje, que compita como si se le fuera la vida en ello. Pero olvida algo muy importante: ni su hijo es un jugador de Primera División que tenga que ganarse la vida jugando ni él es el entrenador del Atlético de Madrid. Solo consigue que su hijo pierda de vista los valores que le transmite el club, donde normalmente prevalece la generosidad por encima de la individualidad, disfrutar y aprender por encima de los resultados, y el juego limpio por encima de competir a cualquier precio. El padre que resta en todos los sentidos. Da gritos desde la grada, desacredita al míster, le dice a su hijo que no entiende por qué él no juega cuando sus compañeros son peores que él, se comporta de forma grosera con el rival, insulta al árbitro y otras impertinencias más. Es el padre del que cualquier hijo se sentiría avergonzado. Los motivos por los que los padres pierden los papeles son diversos. Muchos esperan que sus hijos les saquen de pobres convirtiéndose en Nadales o Cristianos. Otros desean que su hijo gane todo porque sus victorias son sus propios éxitos, es la manera de sentirse orgullosos del chaval y presumir de él delante de sus amigos y en el trabajo. Otros proyectan la vida que ellos no pudieron tener. Otros no tienen ningún autocontrol. No lo tienen en el partido de sus hijos, ni cuando conducen, ni cuando se dirigen a las personas. Y por últimos están los que cruzan los límites sencillamente porque no tiene consecuencias. Saben que está mal, pero su mala educación o ausencia de valores les hace comportarse como personas poco cívicas y desconsideradas. El valor está en hacer deporte, porque es una conducta saludable, pero sobre todo en ser capaces de divertirse y relacionarse con los amigos. Lo demás no importa. Si no le presiona para que se supere con la consola de videojuegos, ¿por qué lo hace cuando va a los partidos? En el momento en el que la palabra jugar pierde valor –“jugar al baloncesto”, “jugar al fútbol”, “jugar al tenis”–, su hijo dejará de disfrutar y no querrá seguir yendo. Si es padre o madre, recuerde, por favor, que es un modelo de conducta para su hijo y para sus compañeros de equipo. A los hijos les gusta sentirse orgullosos de sus padres y, en cambio, lo pasan terriblemente mal cuando se les avergüenza. Ser modelo de conducta conlleva mucha responsabilidad, porque sus hijos copian lo que ven en usted. Y su forma de comportarse debe ser la ejemplar para que facilite el aprendizaje de una serie de valores que acompañan al deporte. Si como padre o madre desea sumar, tenga en cuenta el siguiente decálogo: 1. Recuerde el motivo por el que su hijo hace deporte. El principal es porque le gusta. Existen otros, como practicar una conducta sana, estar con amigos o socializarse. El objetivo no es ganar. 2. Comparta los mismos valores que el club. Busque un centro deportivo afín a su filosofía de vida. 3. No dé órdenes. Solo apóyele, gane o pierda, juegue bien o cometa errores. Disfruta del viaje, y deja de preocuparte por la victoria y la derrota” Marr Biondi 4. No le obligue a entrenar más, ni a hacer ejercicios al margen de sus entrenamientos. Su hijo no es una estrella, es un niño. Aunque tenga talento, puede que no quiera elegir el deporte como profesión y solo lo practique por diversión. 5. No presione, ni dé directrices, ni grite, ni increpe, ni maldiga; no haga gestos que demuestren a su hijo que se siente decepcionado por su juego. 6. Respete a todas las figuras que participan en la comunidad deportiva: entrenador, árbitros, otros técnicos, jardineros… 7. Controle sus emociones. No se puede verbalizar todo lo que pasa por la mente. Las personas educadas no muestran incontinencia verbal. 8. Nunca hable mal de sus compañeros. Los otros niños forman parte del equipo. El objetivo grupal siempre está por encima del individual. Y hablar mal de sus colegas es hablar mal de la gente con la que comparte valores, emociones y un proyecto común. 9. Modifique su manera de animar. No se trata de corregir al niño, sino de reforzarlo. 10. No inculque expectativas falsas a su chaval, como decirle que es un campeón, que es el mejor y que si se esfuerza podrá llegar donde quiera. La felicidad de los niños está por encima de todo. Siéntase siempre satisfecho con lo que haga, gane, pierda o cometa errores. Felicítele por participar más que por competir. Y recuerde que su hijo hace deporte para divertirse él, no para que lo haga usted. Artículo publicado en elpais.com de fecha 19/09/2014 aquí el original

  • El fútbol como escuela

    Publicación del Diario El Mundo el día 27/11/2013 El autor reflexiona sobre la influencia que el deporte rey puede ejercer en la sociedad: de los valores al fanatismo Mantiene que muchos clubes forman a niños de países pobres para hacer estrellas a un coste mínimo, un negocio   EL DEPORTE como tal no educa en valores. En general, el deporte crea hábitos, las virtudes son los hábitos de la excelencia, que el individuo puede aprovechar para otros dominios de la vida; estimula a atreverse y resistir, a enfrentarse con lo duro y difícil para alcanzar el objetivo deseado. El deporte enseña puntualidad, constancia, sacrificio, disciplina, espíritu de superación; ayuda a adquirir el dominio de sí mismo y de la ansiedad y del temor, a vencer la presión, a guardar sangre fría en momentos de riesgo y a valorar las posibilidades de cualquier objetivo. De vez en cuando, el deporte muestra ejemplos de superación difíciles de imaginar. Los Juegos Olímpicos de los minusválidos muestran ejemplos antológicos de superación. La perfección deportiva no lleva siempre consigo la perfección moral a pesar de la sentencia de Cicerón, mens sana in corpore sano, ni la perfección moral un desarrollo armonioso del cuerpo. Las escuelas para campeones son duras y exigentes, de disciplina y órdenes implacables. Nadie puede llegar a ser un campeón sin pisotear la tentación de lo fácil, la pasividad, la veleidad y el miedo a las dificultades. «Querer es poder», repiten mil veces a los alumnos. Más que por razones estas escuelas funcionan por voluntarismo. Las escuelas de deporte han de procurar que «cada uno sea el mejor pero también la convicción de nunca creerse el mejor», dijo Fangio. Las escuelas han de enseñar a mejorar, no a ser el mejor. El deporte ayuda a adaptarse al medio, a competir con uno mismo por mejorar cada día, hacer sociables a quienes lo practican. Los valores del deporte se trasladan a la vida de cada día. No se puede hablar de una vocación del futbolista. «La vocación no resulta nunca, en realidad, ni planeada, ni preparada, ni deliberadamente hecha por nosotros mismos. Voca algo, sin que se lo espere y hasta contra la propia voluntad. Por otra parte no viene la vocación, sin duda alguna, de otro que sea conmigo en el mundo. La vocación viene de mí y sin embargo sobre mí», escribió Heidegger. Muchos niños llegan a ser grandes futbolistas, por su cuenta, en calles llenas de barro. Hay fundaciones privadas cuya finalidad es crear y mantener escuelas de fútbol, especialmente en países pobres en las que se admiten también niños ricos para que hagan posible, pagando, el mantenimiento de niños pobres en las que se utiliza el fútbol para enseñar valores. Muchos clubes de países ricos tienen escuelas de fútbol en países pobres. Aunque digan que es para ayudar a esos niños, se trata de un negocio. Hacer estrellas a un coste mínimo. El deporte enseña solidaridad y espíritu de superación. El fútbol contribuye a fomentar la idea de equipo, de compartir, de trabajar todos en favor de un objetivo común, a desarrollar el valor de la solidaridad, la importancia de ayudar a los demás, a desarrollar el espíritu de compañerismo y el respeto al rival. «La vida es mucho más importante que cualquier carrera deportiva», dice el tenista Nadal. Pocas actividades hay que tengan aficionados de edades, sexos, culturas y religiones tan distintas y distantes como el fútbol, instrumento de cohesión social y escuela de valores individuales y colectivos. «Cuando un deporte exige tanta inteligencia (como el fútbol), tanta devoción, tantas cualidades morales y físicas, por parte de quienes lo practican, a la fuerza tiene que ser un deporte de una gran importancia humana», dijo el cineasta L. Malle. En El Ejido hubo y hay muchos problemas de convivencia entre los distintos grupos de inmigrantes y de los inmigrantes con los indígenas, pero una vez cada 15 días, todos se juntan para animar al equipo de fútbol local. Como se ve en Invictus de C. Eastwood el deporte, concretamente el rugby, puede servir para fomentar la integración de blancos y negros en Sudáfrica. Alguien dijo: «El deporte es el esperanto de las razas». El Suecia United sólo ha ganado tres partidos en 11 años, su liga es otra. Este equipo se solidariza con cualquier causa perdida. Juegan chicos con sobrepeso o que fueron discriminados en el colegio por alguna razón. No hay presión por ganar. «Nuestro propósito es defender algunos valores, como la protección del medio ambiente, la solidaridad con cualquier persona que se sienta desfavorecida por razón de sexo, etnia o religión y, por supuesto, la amistad». Algo parecido a este equipo es el Barcelona Gaeles, fundado por irlandeses en Barcelona. «El fútbol gaélico es una prolongación de la familia. Juegas con tus hermanos y con tus primos para defender el orgullo de tu barrio, pueblo o región». En Europa se habla mucho de la explotación infantil a propósito de los niños de la India, del Brasil, que pasan los días buscando en los basureros o trabajando ocho horas para comer, pero en países de Europa y América, miles de niños verán marcado y condicionado su futuro por los años que pasaron entrenando durante horas que deberían haber dedicado al juego. Esta situación se acentúa cada día más con las posibilidades de la intervención sobre el genoma humano. «Pues tan pronto los adultos contemplasen un día la admirable dotación genética de su descendencia como un producto moldeable para el que elaborar un diseño acorde a su parecer, ejercerían sobre sus criaturas manipuladas genéticamente una forma de disposición que afectaría a los fundamentos somáticos de la autoregulación espontánea y de la libertad ética de otra persona, disposición que hasta ahora sólo parecía permitido tener sobre cosas, no sobre personas», dice Habermas. ¿El futbolista nace o se hace? Las ciencias biológicas están trabajando a fondo para mejorar el rendimiento de los deportistas de élite. Una serie de circunstancias orientan al hombre que muestra ciertas facultades físicas y mentales para ser eficaz en un campo de fútbol. «LA DERROTA enseña más que la victoria», «el fracaso merece aplausos por haberlo intentado y porque esculpe el carácter», dijo Del Bosque. «Un comportamiento torpe ante la derrota es negarla, maquillarla, echarle la culpa a otro, escurrir el bulto, lo que conduce a la agresividad y al autoengaño. El triunfo también puede encajarse entupidamente». «Hay personas que no superan jamás un triunfo y los hay que aprenden de un fracaso». En el fútbol, como en todos los deportes, se gana o se pierde o se empata como en la vida misma. Cualquier persona que es capaz de terminar una prueba con esfuerzo está entrenada para cualquier otra meta en la vida pero el ser humano compite buscando el placer del triunfo. En nuestra sociedad, en la que el individuo y los colectivos buscan el éxito y la victoria, el fracaso está descartado. Se compite para ganar y cuando esto no se da, la injusticia o el destino cargan con la responsabilidad. «El éxito por encima de todo, caiga quien caiga; sólo la victoria te sube al podio y sólo el podio te lleva a la gloria», me dijo un entrenador. Conozco padres que no han permitido a sus hijos asistir a la catequesis ni a las clases de religión para poner a salvo su libertad pero los llevan con ellos desde que saben andar, vestidos con el hábito de su equipo: camiseta, bufanda, gorro, mochila. Las gradas gritan groserías, porquerías y maldiciones contra el árbitro y sus antepasados cuando toma decisiones justas contra el equipo local, y contra los jugadores del equipo visitante cuando hacen una buena jugada con peligro en la portería del nuestro. Los niños presenciando un partido desde las gradas pasarán una hora oyendo insultos, improperios y groserías, y en algunos campos estarán siendo amamantados con la leche nacionalista de uno de los buques insignia del catalanismo. Un amigo me confesó: «Cuando mi hijo tenía ocho años lo llevé conmigo al fútbol. De vuelta a casa contó lo que había visto y oído a su madre quien me espetó a bocajarro: 'Si vuelves a llevar al niño al fútbol te acusaré de ir arrastrando al niño por antros inmundos y pediré el divorcio'». Hace poco el hijo me dijo: «Papá, de vez en cuando podré acompañarte al campo pero nunca me haré socio de un grupo de fanáticos». Muchas personas ecuánimes y justas, cuando están en las gradas, ignoran lo que es la justicia, vociferan groserías y ensucian todo lo que no es su equipo. Manuel Mandianes es antropólogo del CSIC, escritor, teólogo y autor del blog Diario nihilista.         

  • Futbol: brillan sus valores

    Artículo publicado en Diario Córdoba el 01/07/2012 El fútbol es, sin duda, el gran protagonista de este domingo con la final de la Eurocopa 2012 entre España e Italia. Opiniones para todos los gustos, alabanzas para todos los jugadores. Desde los analistas más conspicuos, como, por ejemplo, el enviado especial de nuestro periódico, Carlos Marcote, hasta el fino olfato de la periodista Lucía Méndez, ensalzan a nuestra selección destacando valores y proclamando virtudes. Marcote subraya la figura del entrenador Vicente del Bosque, "quien ha enriquecido el legado recibido hasta llegar a este punto en el que La Roja sigue siendo el primer referente futbolístico mundial"; Lucía, por su parte, se deshace en elogios hacia los jugadores calificándolos con epítetos tan merecidos como éstos: "Educados, solidarios, buenos padres, buenos hijos, limpios en el terreno de juego, esforzados, unidos, sufridores, disciplinados, valientes, luchadores, respetuosos. En un país donde la ejemplaridad en los comportamientos es un agujero negro, la selección encarna los valores que desaparecieron en la España de los nuevos ricos". Junto al equipo, brilla con especial relieve la figura de Del Bosque, quien tiene casi como eslogan o como lema esta frase: "Todo lo que sucede, conviene". Es su manera de decir que, si el triunfo nos hace grandes, la derrota nos hace fuertes. Los valores que el seleccionador transmite a sus jugadores son claros y bien definidos: educación, amistad, compañerismo y solidaridad. De su saber estar en el banquillo tenemos mucho que aprender. Del Bosque otorga el protagonismo a los 11 que sudan la camiseta en el campo y a los 12 que calientan motores en el por si acaso, por más que los entrenadores de otros equipos sean dados al aspaviento, al grito o al insulto. El liderazgo es un arte que debe combinar seguridad y templanza, justicia y audacia, generosidad y exigencia. Da igual que se trate de la cúpula de un banco o del trono de un hogar. Acaso, ahora, comencemos a darnos cuenta de que el fútbol es como la filosofía, una actividad reflexiva: quien utiliza mejor la cabeza es el que gana. Contarán los elementos: la fuerza, la suerte, los árbitros, las habilidades personales, pero, a la larga, se irán imponiendo las estrategias, el estudio del adversario, la solución en el campo y, sobre la marcha, al último fallo detectado. Y cada vez más, también, contarán esos valores que, con tanto afán como pasión, ha venido cultivando el seleccionador: impulsar el talento, buscar la excelencia, premiar el esfuerzo y el trabajo bien hecho, reconocer el mérito y valorar la capacidad de sacrificio. Los futbolistas de la selección nos ofrecen para esta hora difícil en tantos otros campos de la vida una buena fórmula: "Desterrar cualquier tentación de indiferencia, resignación o conformismo", y al igual que ellos, en el terreno de juego, "afrontar todas las crisis con espíritu de superación y de victoria". Ciertamente, ese es el camino para lograrla.

  • Fútbol base, ¿con valores?

    Carta al director publicada el 16/05/2012 en Diario Córdoba Tras toda una temporada acompañando a mi hijo como jugador de fútbol base, he visto, vivido y oído mucho, mucho. En base a ello he reflexionado otro tanto y he presentado, junto al resto de padres de los jugadores que componen el equipo, la siguiente carta, que brindo a sus lectores por si algún otro padre quiere servirse de la misma y presentarla en su correspondiente club: "Estimado Presidente y Director deportivo, los abajo firmantes, por medio de la presente, queremos hacer explícita nuestra queja y descontento con el trato, la formación y las conductas recibidas por nuestros hijos en la presente temporada, que distan enormemente de los valores y objetivos propugnados y perseguidos por el club. Tanto en los entrenamientos como, de forma más acentuada, en los partidos de la competición. Así mismo deseamos que se nos comunique quiénes van a ser los responsables del equipo la temporada que viene y saber sobre su formación y experiencia, entendiendo que, si bien las mismas deben tener una parte teórico-deportiva, no pueden tener deficiencias en lo que se refiere a su dimensión pedagógica y de tono humano, y más cuando se trata con niños. Pedimos esta reunión porque necesitamos planificar nuestra labor educativa como padres de cara a la temporada que viene, haciéndola compaginar con este club o con aquel que nos ofrezca garantías de una adecuada formación de nuestros hijos en valores, para que se sean dignos y felices, tanto en el deporte como en la vida, que es de lo que se trata, ¿o no?".

  • Inculcar valores a los jóvenes

    Original en el Diario Córdoba el día 02/03/2014   Dentro de la cultura de un club se deben inculcar a los jóvenes los valores fundamentales por los que debe ir reforzando cada día los cimientos y pilares fundamentales de su cultura, cultura que al final es la que debe imperar por encima de todos y de todo. Desde que el jugador nace en el propio club hay que ir educándole y potenciando sus valores para que cada día sea mejor persona y mejor deportista. A medida que crecen deben asimilar de manera natural que el fracaso en el fútbol y en la vida en general es parte de la vida; si no fracasas, no aprendes y si no aprendes, no cambias. Formar jugadores jóvenes no es una idea contrapuesta a la de ganar, eso sí hay que enseñarles a competir; primero contra uno mismo y después contra el rival. Si desde pequeños nos enseñan a competir, siempre basándose en unos valores sólidos, firmes y equilibrados, nos están preparando e indicando el camino más corto para comenzar a ganar. La cultura y estabilidad que puede adquirir el jugador en la cuna de su club es muy importante. También es cultura hacerles ver que cuando se retiren (si logran jugar y mantenerse en el primer equipo) tendrán por delante entre 35 y 40 años de vida laboral. Y ahora, ¿qué hago?, ¿qué futuro me espera? Dejarlo todo al azar del fútbol hoy en día es poco recomendable. El joven jugador debe llevar un hábito de vida paralelo al deporte en el que debe ir preparándose y orientando su vida post-profesional para cuando el cuerpo ya no le responda en el terreno de juego y tenga que iniciar una nueva vida laboral, tenga los recursos necesarios como para dar cierta estabilidad para él y su familia en los próximos 35 o 40 años que les resta de vida laboral. A partir de su retirada seguro que el teléfono le sonará menos, muchos de los que decían ser sus amigos desaparecerán, su cara la reconocerán los mas jóvenes cada día menos y cuando pidan ayuda para involucrarse de nuevo en la sociedad (de jugador se vive a veces en un mundo ficticio) seguro que las puertas no se abrirán de la manera tan rápida que se le abrían cuando era famoso y muchos querían coleccionar sus fotos. En esta nueva vida solo quedaran dos cosas que jamás le abandonaran, la familia, que siempre estará a su lado, el balón que le dio de comer, que le fue leal en todo momento y siempre estará en el baúl de los juguetes a su disposición, el club, que por muchos inquilinos que entren siempre será el club de su alma, y los pocos amigos que le quisieron de verdad. Según P. Sport, el ultimo estudio sobre jugadores de las canteras más prolíferas de Europa y clubs que están apostando por jugadores de casa, al final de la primera vuelta, 2013/2014, son; en primer lugar el Athletic de Bilbao (18) en utilización de canteranos. Real Sociedad (17) y FC Barcelona (16), completan el podio por cuarta temporada consecutiva. En el otro extremo están el Granada y el Getafe, que han alineado únicamente a 2 y 1 canterano, respectivamente. Entre los equipos que luchan por conquistar las ligas europeas, el FC Barcelona es el primero (16), seguido por el Real Madrid, Báyern Múnich y Borussia Dortmund (8). Destacar que el Real Madrid entra en el top 3 por primera vez en los últimos años al pasar de cuatro canteranos en la 2011/2012 a ocho utilizados en la presente temporada. El Atlético de Madrid se mantiene en el puesto 10 con 5 jóvenes utilizados. El Ríver Plate es la única institución deportiva en el mundo que dispone en su estadio de guardería, colegio, instituto y universidad. Mantiene en su propio estadio Monumental de todos los ciclos lectivos: desde guardería hasta universidad. Ríver tiene a 400 empleados en este segmento y la institución destina un 12% del presupuesto anual del fútbol. Los profesores, hasta el nivel terciario, son exclusivamente del club y la parte universitaria son docentes de diferentes universidades. D.Turnes (exvicepresidente) dice: "Buscamos que los jugadores de nuestro club adquieran valores y se realicen como personas con el fin de que estén preparados si el día de mañana no finalizan sus sueños deportivos. Los jugadores-alumnos tienen la obligación de concurrir al instituto, en caso contrario tienen que verificar que estudian en otro centro". D. Messina (entrenador) dice: "Priorizamos sobre la disciplina el trabajo y el respeto. Es muy importante la imagen que pueda dar el jugador a la sociedad". Educar es preparar al joven jugador para la sociedad que le espera. Valores como el respeto, la tolerancia, el sacrificio el esfuerzo , la humildad... Un padre le dijo a su hijo: "Ten cuidado por donde caminas". El hijo le respondió: "Ten cuidado tú, recuerda que yo sigo tus pasos".

  • EL DEPORTE: ESCUELA DE VIRTUDES HUMANAS

    Durante mucho tiempo en nuestro país era mayor el número de espectadores que veían deporte o asistían a alguno que aquellos que lo practicaban regularmente. En las últimas décadas, esto ha ido cambiando y hoy en día hay un mayor número de personas que hacen deporte. Para conseguirlo, las instalaciones han aumentado de forma espectacular y ha crecido el número de profesionales dedicados a la formación, la enseñanza y el entrenamiento deportivo. La Educación Física después de muchos años de reivindicaciones ha conseguido un digno lugar en los programas de enseñanza. El deporte es considerado como un excelente medio educativo. Se enseña y practica en todos los niveles, con el propósito de fomentar la sana competencia y el respeto por las habilidades y aptitudes de los demás. Practicar deporte es una parte importante de la formación de los niños que va más allá de ser sólouna actividad física que favorece al cuerpo, mejora la salud y el estado físico, previene enfermedades, etc. A través del deporte se pueden conseguir objetivos educativos relacionados con la formación integral de la persona, es decir, no sólo podemos desarrollar a los alumnos en el plano motor, sino también a nivel cognitivo, afectivo y social. El deporte ya sea individual o colectivo, se considera como un instrumento eficaz para educar en virtudes humanas tales como la constancia, el espíritu de sacrificio, la lealtad y el compañerismo. Según algunas enseñanzas del Beato Juan Pablo II, que escribió para la gente que vive en torno al deporte: " La Iglesia, como señalé durante el Jubileo de los deportistas (29.X.2000), considera el deporte como instrumento de educacióncuando fomenta elevados ideales humanos y espirituales; cuando forma de manera integral a los jóvenes en valores como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la solidaridad y La Paz" Además vio la importancia de hacer partícipes a los responsables del deporte de su concepto de deporte. También anima a los educadoresa ser responsables con su trabajo profesional para incidir positivamente en la educación de la gente joven. El deporte enseña para la vida dependiendo de las estrategias utilizadas y de quién se encarga de enseñar o educar. El deporte puede crear en los niños una experiencia positiva o una fuente de conflicto y frustración por el modo en que profesores y entrenadores organicen sus actividades. En el S.XXI es clave saber que el deporte va más allá de una actividad física específica y que tiene un importante efecto en la construcción dela persona; se puede comprobar cómoa través de la actividad deportiva, se va consiguiendo el crecimiento integral del individuo. Hoy en día muchos atletas son modelos para jóvenes. Es de justicia citar al deportista español más emblemático de nuestro tiempo, Rafa Nadal, " Es bueno- se suele decir- dentro y fuera de la pista", afirmación que considera tanto sus éxitos profesionales , que ha ido adquiriendo con esfuerzo - a lo largo de sus todavía pocos años de vida, como persona. Ejemplos como el tenista español pueden ser determinantes para los jóvenes en la construcción positiva de su futuro, al favorecer la afirmación de valores tan importantes como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la solidaridad, etc., valores que contribuyen a que los jóvenes luchen por ser campeones no solo en el deporte, sino también en la vida. "Es necesario fomentar en los alumnos el espíritu de deportividad en todas las facetas de la vida". Original en www.sontushijos.org

  • Padres histéricos en las gradas

    Una de las asignaturas pendientes de muchos padres es su comportamiento en un partido de sus hijos. Por desgracia, cuando ocupan las gradas o el bordillo de la pista, se produce una auténtica trasformación: comienzan a gritar, a insultar, a jalear. Lo peor de todo es que esos “padres histéricos”, como los llama Leonard Blom, responsable de una escuela deportiva al noreste de Londres, son un pésimo ejemplo para sus hijos. Lo mismo piensa el exfutbolista Gary Lineker, quien considera “deprimente” el comportamiento de los padres que quieren a toda costa que sus hijos triunfen en el deporte. Algunos autores mantienen que la palabra “deporte” viene del latín “ad potas”, ya que, quien lo practica, lo hace fuera de las puertas, al aire libre, en un espacio de libertad. Creemos que, desde el punto de vista escolar, la etimología es acertada, pues las clases de Educación Física se imparten fuera del aula. Allí, el niño o el adolescente no está sometido a las mismas normas que en una clase ordinaria y se comporta de una manera más desinhibida. Por eso, si bien el peso académico de la Educación Física nunca ha sido muy notorio, sí lo ha sido su valor formativo y de conocimiento de los alumnos: no en vano, en las sesiones evaluativas, el profesor de Gimnasia aporta siempre un punto de vista enriquecedor. Algo similar ocurre con los padres que asisten a una competición deportiva de sus hijos. No se visten de corto ni compiten, pero se hallan “ad portas”, fuera del orden cerrado (por usar una expresión militar), lejos del mundanal trabajo y despreocupados del cuidado de las formas. Los padres, como sus hijos, están “fuera de clase” y es allí, sea un partido escolar o federado, sea un amistoso o una final, donde árbitros, entrenadores y jugadores (sus propios hijos) observan su forma de jugar fuera del campo. Por qué no decirlo: muchos chicos y chicas se avergüenzan de sus propios padres y, en vez de disfrutar con deportividad del deporte, lo sufren con rabia, y, en vez de jugar con sana competitividad, lo hacen con ruindad. No hay duda de que el deporte es muy positivo en la formación integral de nuestros hijos y que debemos fomentarlo; sin embargo, si no lo hacemos de la manera correcta, el tiro nos puede salir por la culata. Por eso, la Surrey Rugby, perteneciente a la Rugby Football Union, ha establecido normas no competitivas de manera que en los partidos de niños de 6 a 11 años no se juegue para ganar. Lógicamente, las críticas no se han hecho esperar en el sentido de que esta falta de competitividad puede frenar la motivación de los jugadores. Está claro que lo importante es participar, pero también que se participa para intentar ganar. Saber conjugar ambos principios, a la edad que sea, dentro o fuera del campo, resulta decisivo para la educación de nuestros hijos. Los jugadores hacen ejercicios de calentamiento antes de empezar el partido; los padres deberíamos hacer lo mismo: prepararnos para asistir a verlo y no convertir un momento de relajación en histerismo. Estamos con nuestros hijos; estamos educando. No echemos a perder “ad portas” lo que hemos ganado dentro; no contradigamos lo que hemos dicho entre semana un sábado por la mañana.